Pablo Sánchez Ocampo. El oficio de barista, y los secretos del café

El café es el consejo de Estado de los hombres que nadie va a consultar y que dirán la palabra definitiva sobre cada asunto. En el café se apura con gusto el cáliz amargo de la vida… (1)
El oficio de barista es original de Italia, a pesar de que Italia no es un país productor de café. Pero fue allí donde más se utilizaban las máquinas de café espresso. Estas máquinas surgieron a principios del siglo XX, al finalizar la segunda guerra mundial se perfeccionaron y comenzaron a generar cada vez más interés, mientras también los paladares se hacían más exigentes y toda la gastronomía evolucionaba.
El ímpetu italiano fue llegando luego al resto de Europa (sobre todo a los países escandinavos, grandes consumidores), de ahí a EEUU y después al resto de América.
Así fue creciendo una variedad de preparaciones y propuestas: Café caliente en invierno, frío en verano, con alcohol y sin alcohol, con miel, con limón, con dulce de leche… hoy ya se habla de “cóktails” a base de café espresso, y las ciudades del mundo se van abriendo a los nuevos sabores.
Pablo Sánchez Ocampo tuvo la suerte de conocer en Brasil a Isabela Raposeiras, pionera y maestra en el arte de servir cafés, fundadora de la Academia de Rarismo del estado de San Pablo. El lugar no fue casual: Brasil produce más de un tercio del café que se consume en el mundo. Isabela lo acompañó en su interés por el café y así fue como Pablo llegó a perfeccionarse en la Universidad Anhembí Morumbí, y se convirtió en barista profesional.
De la mano de Pablo (y de sus cafés) el barismo fue generando nuevos adeptos, primero en Buenos Aires y ahora en Bariloche. “En Argentina hay muy pocos baristas, desde que llegué voy intentando compartir esta pasión, que se basa en compartir momentos, sabores y lugares.”
“El café es eso: no solamente una bebida, es un lugar de encuentro, un generador de momentos. La historia lo demuestra: en torno a un café o en un café surgieron grandes ideas, se trazaron revoluciones, se inspiraron novelas y obras de teatro, se jugaron romances y desencuentros, se debatieron grandes y pequeños temas, se cultivaron amistades o intrigas…”
En este sentido, bien vale un ejemplo: El Tortoni, uno de los cafés más emblemáticos de la Argentina, dice en su página web, con pluma de José Gobello: “El turista que llega a Buenos Aires tiene toda la ciudad en el Tortoni: el pasado en las paredes; el presente sentado en las mesas; el futuro, en el entusiasmo de la gente que trabaja allí por la cultura.”
(1): tomado del sitio web del Café Tortoni
Bariloche.Org
Publicado Lun 05 de Mayo 2008 - 12:42 |
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