Nieve

Esperando el invierno

Caminando por las calles de nuestra ciudad, mirando los rostros de los jóvenes, los comerciantes, de docentes, de alumnos y de algún turista en particular, se respira un cierto aire enrarecido. Si uno inspira cuidadosamente los aires sureños, si se toma el trabajo de observar, de sentir, de palpar, llega a la inapelable conclusión de que todos estamos como ansiosos, con el deseo y la expectativa de recibir las primeras nevadas, los primeros copos que darán una idea real acerca de cómo será el próximo y cercano invierno.

Es común a tan escasos días del comienzo de la temporada invernal apreciar esta incertidumbre respecto a lo que acontecerá en la misma.
¿Nevará hoy? Preguntan algunos. No creo, dicen unos. Sí, para mí que sí, dicen otros.
La realidad nos muestra que ya han caido algunos copos de nieve y la comunidad continúa con los trabajos de reparaciones y embellecimientos especialmente dirigidos a la estación que se acerca; a la nieve y turistas que por primera vez, o nuevamente, confiarán en nuestra ciudad para pasar días de descanso y recreación con las actividades ya conocidas para las épocas invernales.
Pero este fenómeno encierra un peligro, el de vivir pensando en el futuro, por más cercano que éste esté. Y es el de no lograr apreciar las bondades del presente. Si se mira mucho al futuro, si se desea tanto la llegada del mismo, si se proyecta nuestra vida hacia adelante, nos olvidamos de que lo real, de que hoy por hoy lo que tenemos es el presente.
Presente que nos brinda un otoño extraordinario, con suficiente lluvia y con la temperatura ideal para que cada uno de nosotros nos preparemos y aclimatemos al verdadero frío que está por llegar. Ya que como decía un viejo amigo, no hay mejor tiempo y lugar que el aquí y el ahora.

¿Se han detenido a observar la variedad de los colores que nos brinda la naturaleza hoy, esa facilidad con que se pasa del verde al amarillo rojizo, al amarronado, como si nuestro hábitat fuese una pintura que con el correr de los días se va destiñendo, perdiendo sus límites?. Una notable característica es amanecer y ver todo bañado de una leve capa blanca. La helada, que preanuncia la llegada del invierno es un manto níveo que todo lo cubre, que todo lo enfría y que es realmente hermoso por su simplicidad y uniformidad.

Hay pocos lugares en el mundo donde se pueda apreciar las diferencias de cada una de las estaciones del año y especialmente la llegada del otoño. Observar diariamente cómo nuestra madre naturaleza muta y se prepara para la época más ruda del año es un espectáculo digno de ser visto detenidamente, y más aún, de ser disfrutado en todas y cada una de sus etapas. Es impresionante ver cuán marcadas se hacen las estaciones y cuánta belleza tienen cada una de ellas por estos lares.

Muchos protestan contra la lluvia y el viento, pero sin ellos, sin los cambios climáticos, el ciclo de vida sería tedioso por lo monótono. Además de perdernos la belleza que siempre se presenta desde la diferencia.

Son épocas de espera, de ansia, pero hay una hermosura en el presente que urge ser contemplada y analizada ya que va de la mano con este ciclo tan antiguo como la tierra misma, esta necesidad de todos de retrotraernos para poder superar épocas duras y luego mostrar toda nuestra belleza. Mitológicamente hablando, son épocas del eterno retorno.

 
Autor: Pablo Pino
Fotos: Milenium Bariloche
 

Bariloche


 


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