La primera nevada del año
La gente del lugar lo sabe. Se lo dicen un tapete plomizo en el cielo que se repite en los lagos, la calma expectante del paisaje, la presencia de los tordos y en sus casas los animales que se niegan a salir. Para muchos una sensación especial en su interior y siempre el olor del ambiente que llega a sus pulmones con un mensaje claro. Sin duda, la primera nevada es inminente.
Es tiempo de ver si todo está preparado. La leña suficiente, revisar si las canillas están protegidas para que no se hielen, de verificar si están libres las canaletas, y todo lo que será necesario. Los buenos jardineros ya han abonado, multiplicado sus matas y previeron podar sus plantas para que no se quiebren con el peso de la nieve, de todos modos salen para proteger un poco más a las más débiles. Básicamente es la hora de disponerse a ser espectador de la maravilla de la naturaleza en uno de sus actos magistrales, precisamente instalado entre la magia y la realidad.
Cuando comienza a nevar primero se dibujan lunares blancos sobre el suelo, después comienzan a unirse formando figuras donde la imaginación juega a crear seres fantásticos. Las ramas desnudas de las plantas empiezan a mostrar su singular estructura vistiéndose de blanco y en poco tiempo lo que fue flor en primavera, todo verde en verano y todo color en otoño, se transforma. Un uniforme blanco lo recubre y se muestra como un paisaje lunar en silencio inquebrantable. Desaparece el gorjeo de los pájaros; ellos también buscan un refugio que los proteja. En las montañas se oculta el contraste del rojo de las lengas con el blanco de las cumbres.
Sin embargo, por debajo de la tierra la vida continúa. La capa de nieve conserva debajo de ella la temperatura para que los bulbos del próximo septiembre y octubre se nutran para florecer, las semillas que cayeron sobre la tierra en los últimos meses germinan preparándose para resurgir, los árboles van a buscar a sus raíces los nutrientes para llevarlos a sus hojas y frutos cuando llegue la estación del renacimiento.
La pisada del hombre en este colchón níveo le hace ver su propio peso, su individual manera de pararse en el mundo. Algunos eligen caminarla, otros recorren la montaña deslizándose en esquíes, otros se elevan con medios mecánicos para observar desde lo alto. Distintas formas de aproximarse, de sentirse presente en el medio del reino natural.
En Bariloche a estas emociones ancestrales se le suma el buen augurio de una temporada turística promisoria preparándose para recibir a los turistas que llegan desde todas partes para compartir la ceremonia.

Autor:
Marta Carbonero

Fotos:
Eleonora Ros