Un día soleado en el Catedral
De vivir se trata la vida, aunque muchos digan que el frío provoca el aislamiento y el desinterés a la hora de salir de sus hogares, que ante el frío es mejor una tarde de chocolate caliente y frazadas frente a la chimenea que tener que sufrir las inclemencias climáticas al aire libre. Esos, evidentemente, nunca han disfrutado de un día soleado en las altas cumbres del Cerro Catedral.
La temporada invernal que ha comenzado tan prometedoramente se convierte en extraordinaria si uno logra gozar de un día a pleno sol en el cerro, gracias a la gran cantidad de opciones que ofrece para todos en estos tiempos de frío y nieves.
El Catedral es conocido como el centro de esquí más importante de Sudamérica. A sólo treinta minutos de la ciudad, a unos diecinueve kilómetros, posee una altura de 2.388 metros sobre el nivel del mar y con 300 hectáreas de laderas esquiables, cuenta con 53 pistas para todos los niveles, ofreciendo en su magnífico espacio, toda clase de alternativas tanto para esquiadores como para los no deportistas.
Las actividades que pueden desarrollar los amantes del esquí van desde el esquí alpino, de fondo, de travesía y fuera de pista, hasta el deporte que convoca a los más jóvenes, el snowboard. Para los que no se han introducido en el mundo de la adrenalina, en el mundo de la velocidad, las ofertas pasan por realizar parapente, mountainbike, trekking, paseos en trineos, motos de nieve, four tracks, etc.
Para los más aburguesados que prefieren otras actividades mas tranquilas, el cerro también ofrece, paradores, restaurantes, locales de indumentaria y souvenirs, revelado de fotos, centro de informes, un shopping, discotecas y el nuevo y novedoso kids club.
Con toda esta oferta, cualquiera de nosotros, sea esquiador o no, cuente con mucho dinero para gastar o no, puede disfrutar de un gran día, gozando del sol, de la nieve y del aire puro. Siempre hay que recordar que se puede vivir la naturaleza a pleno durante el invierno.
Pero para ello, es necesario estar preparado, no sólo anímicamente, sino estéticamente. Es necesario contar con ropa adecuada para no sufrir con las bajas temperaturas que suelen aparecer en el cerro. Alquilado o propio, lo más adecuado es optar por un enterito o pantalón y campera convenientes para la nieve. A esto hay que sumarle los guantes, un calzado apropiado y antiparras o anteojos para el sol.
Lo notable de esta temporada, desde el placer de la observación, son las sensaciones placenteras que se nos presentan en un día de sol en las alturas del cerro. Ver a los esquiadores, con la alegría saliéndoles por cada poro de su cuerpo, a niños y no tantos, adentrándose en las artes del esquí o del snowboard, a los más chiquitos disfrutando de su nueva atracción, un club preparado especialmente para ellos. Advertir a diferentes parejas gozando de un delicioso chocolate caliente, a los estudiantes festejando en un desborde de alegría del sol y de la nieve. Observar a los turistas en general, sobre todo a los extranjeros deleitándose de uno de los lugares más hermosos del planeta. En fin, a muchísima gente, conociendo, experimentando y viviendo el cerro, hace que recorrerlo en un día asoleado en pleno invierno sea uno de los espectáculos más maravillosos para vivir, ya que de vivir se trata la vida, y de no morir lentamente transformándonos en esclavos del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, no arriesgándonos a vestir un color nuevo, no apostando a domar las altas velocidades, aprendiendo un nuevo deporte, sorprendiéndonos del sol y de nieve, aunque la temperatura intente desanimarnos.
Alguien me dijo una vez, muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no experimenta nuevas sensaciones. ¿Serán estas las razones por las que año tras año nos visitan tantos turistas, con la evidente necesidad de sentirse vivos, abiertos a conocer y disfrutar de este maravilloso lugar, de apreciar y experimentar con nuevas o repetidas sensaciones?
No lo se, lo que si se es que es preferible pasar un día de sol en el cerro antes que una tarde de chocolates y frazadas frente a la chimenea, por más atractiva que ésta se nos presente, ya que es una manera de saborear uno de los más bellos regalos de nuestra madre Naturaleza.

Autor:
Pablo Pino

Fotos:
Diego M. Rodriguez