Maquetas de Bariloche
Son apenas 103 años los que se celebraron el pasado 3 de mayo del año 2005, fecha que se toma para festejar el cumpleaños de San Carlos de Bariloche, un pueblo que nació y comenzó a crecer, sin tener un acto de fundación. Todo recorrido histórico implica una mirada diferente, fijar un hito para comenzar a contarlo, sin desconocer que un pasado mucho más antiguo permanece inexpresado.
Fue a principios del siglo XX cuando comenzaron a establecerse los inmigrantes de diferentes regiones del mundo, aparentemente con las mismas esperanzas y ambiciones con las que continúan llegando en este comienzo del siglo XXI, maravillados por la belleza de la naturaleza.
Hoy todavía es posible preguntarles a aquellos pioneros o a sus descendientes directos, cómo fueron los primeros pasos de esta ciudad encantadora, pero tal vez el mensaje que traducen los objetos que ellos crearon para adaptarse a esa naturaleza hermosa pero desafiante sea el más claro.
Una muestra de maquetas estuvo expuesta en el Salón Cultural de Usos Múltiples que está emplazado en la esquina de Villegas y Moreno. Los vecinos y turistas pudieron contemplar esta suerte de interpretación a través de ejemplares de embarcaciones y de casas que tuvo su primer acto público cuando se celebró el centenario. Muchos barilochenses se emocionaron con el recuerdo de la cotidianeidad de los años pasados y la simultaneidad en un mismo escenario indicó la posibilidad sumar diferentes realidades.
Las embarcaciones fueron realizadas por Jorge Mogensen. El nació en Bariloche pero el ancestro vikingo de sus antepasados dinamarqueses lo inspiraron a reproducir el único medio de transporte de los primeros habitantes que aún no contaban con el trazado de los caminos terrestres. Desde hace 35 años en que construyó su primera obra, continúa haciéndose cargo de la responsabilidad de dejar testimonio de sus existencias atravesando el lago Nahuel Huapi, rescatándolas del olvido en diferentes escalas a partir de planos o de fotos.
Las casas las realizó Daniel Chiesa. Son 34 maquetas en madera balsa, en escala 1/87. Cuando tenía 3 años su padre le regaló un trencito que aún conserva y allí se inició su pasión por las miniaturas. Vino a vivir a Bariloche cuando tenía 5 años y aquel trencito dejó su impronta en la elección de la escala con la que trabaja, habitualmente utilizada por el ferromodelismo.
Acompañaron la muestra otros maquetistas invitados que sin duda completaron este panorama. Las importantes embarcaciones de excelente artesanía de Mario Zuker, las “maquetas kitch”, utilizando cualquier tipo de elemento no tradicional (broches para papel, piezas de relojes, etc) de Gustavo Murall, las obras de Jorge Meier y Alberto Simek. Hasta el mismísimo Cau-Cau, una de los últimos barcos que llegó al lago estuvo presente, traido por Jaime Santana.

Autor:
Marta Carbonero

Fotos:
Provistas por los artistas