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Curanto a la Suiza

Cada año, para el 6 de febrero todo gira alrededor del mágico espectáculo de lo culinario en el paisaje que los suizos visualizaron como la propia tierra casi un siglo atrás con la Fiesta Municipal del Curanto, que además de la curiosidad que despierta el método con que los araucanos cocinaban sus alimentos, ofrece gran cantidad de actividades recreativas.

El Curanto es una comida originariamente araucana, introducida desde Chile por Emilio Goye, uno de los primeros pobladores de la colonia. La ceremonia: consiste en cavar un hoyo en la tierra de 15 cm. de profundidad, cuya superficie depende de la cantidad de personas. En él se colocan las típicas piedras de los lagos de la región calentadas previamente en un fogón. Sobre estas piedras se pone un colchón de hojas de nalca o maqui, y sobre éstas todos los ingredientes: carne de vaca, de cordero, de cerdo, pollos, chorizos, salchichas parrilleras, papas, batatas, manzanas, cebollas, zanahorias y zapallos ahuecados rellenos con queso, crema y arvejas. Según el “curantero” Rubén Nielsen, “lo básico son cinco tipos de carne y cinco tipos de verduras".
Cuando se destapa el curanto todos los turistas sorprendidos registran con sus cámaras esta suerte de “aparición” de los alimentos perfectamente cocidos que permite recrear los antiguas costumbres de los primeros habitantes de Patagonia.

Para después del Curanto, sugerimos una visita al MUSEO COLONIA SUIZA que nos cuenta la historia desde lo cotidiano

En Colonia Suiza, a 24 kilómetros de la ciudad de San Carlos de Bariloche, al entrar a la "Casa Museo de los viejos Colonos", nos encontramos con la Sra. Elena Goye de Storti, quien se presenta diciendo "yo he nacido en esta casa" y esta situación ya instala una visita a una casa donde los objetos nos hablan de los sueños de los que la habitaron y de la forma en que los hicieron posibles.
La propuesta de visita a esta Casa Museo que funciona desde el 12 de Enero de 1997, es diferente porque generalmente la idea de Museo histórico remite a una exposición estática de elementos viejos. Muchas veces apartada de su contexto, se muestra una visión parcializada de la historia que no alcanza para la comprensión de ese pasado y mucho menos del presente.
La casa fue construida en madera, en el año 1937 por Marcelo Goye, hijo del pionero Felix Goye y padre de Elena, nuestra anfitriona. Actualmente no es habitada en forma permanente, lo que permite que coexistan el área del comedor, dedicada a la exposición, y la de la cocina y los cuartos que son utilizados esporádicamente por su actual propietaria, quien personalmente guía las visitas.
A través de las pequeñas ventanas, pensadas para conservar el preciado calor del interior, aparece el Cerro Goye, plantaciones y otras casas de madera similares, entre las que se encuentra la escuelita.
Los antiguos pobladores habían nacido en Suiza, en el Cantón de Valais. Debido a la situación europea de fines del siglo diecinueve, emigran hacia Chile bajo un convenio especial que les ofrecía trabajo y tierras donde criar a sus hijos. Llegaron en 1883 a la zona de Victoria, Temuco y otras ciudades próximas, después de un viaje en barco de cuarenta días, pasando por el estrecho de Magallanes. Pero la vida en esa región no pudo ser el lugar anhelado. Doce años más tarde, enterados de que por la Ley del Hogar –sancionada en 1884 – el gobierno argentino ofrecía 625 hectáreas por grupo familiar, con la condición de trabajar y favorecer el desarrollo de lo que se denominaba Colonia Agrícola Nahuel Huapi, los Goye (Camilo, Félix y María vda. de Felley) atraviesan la cordillera por Pino Hachado siguiendo las escasas huellas portando en sus carros sus herramientas y aquello que les fuera útil para sobrevivir. Las características similares a las de su lugar de origen los lleva a reproducir en principio actividades agrícolas, sembrando trigo, alfalfa, avena, frutales y criando animales. Posteriormente se dedicaron al procesamiento de madera, creando un aserradero. Gracias al aporte tecnológico del Ing. Napoleón Beveraggi esta población tuvo luz eléctrica que utilizaban durante el día para las máquinas del aserradero y por la noche para la iluminación de las casas.
Se entrelazan en los relatos los apellidos Goye, Felley, después Cretón, los Potthoff, Fant, Beveraggi, sumados a los Schumacher, Rahm, Arduser, Schnebeli, Roth, Röthlisberger, Moos, Vonmoos, Huber, Bachmann, Tribelhörn, Frey, y tantos otros que enraizaron con sus descendientes una gran familia.
Los elementos que se exponen reflejan las costumbres de los colonos. Se pueden observar instrumentos de labranza, utensilios, fotos, revistas, árboles genealógicos, juguetes, patentes de automóviles, y hasta es posible escuchar una vitrola que continúa brindando su
música. Cada uno de los objetos habla de una estirpe de gente ruda, trabajadora e inteligente en la búsqueda de soluciones prácticas, acompañados por discos de música clásica, la radio, libros, publicaciones de la época demostrando una sensibilidad más refinada y un deseo de conexión con un mundo más amplio.
Para seguir enlazando el pasado y el presente, el museo puede ser visitado los días miércoles y los domingos a partir de las 15 hs. Consultar con antelación a los teléfonos: 423379 / 448330.
 
Autor: Marta Carbonero
Fotos: Publicación autorizada por el autor
 

Bariloche


 


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